Camilo

Alma eterna

Una historia de amor y compañía que sigue brillando.

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La historia de Camilo

Veintiséis años compartiendo la vida

18.10.1998 ♡ 07.10.2025

Mi hijo se llamaba Camilo Correa Sánchez, aunque para mí siempre fue “hijito mío”.

 

Camilo llegó a mi vida cuando yo tenía 16 años y, desde aquel momento, se convirtió en mi motor. Todo lo que hice fue por él y para él. Crecimos juntos y, mientras yo intentaba enseñarle a vivir, fue él quien me enseñó a hacerlo con grandeza, a aspirar siempre a lo mejor y a recordar que también merecemos las cosas buenas de la vida.

 

Era noble, soñador y de un corazón inmensamente generoso. El decía que era mi soldado fiel, y siempre lo fue. Lo hacían único su bondad, su lealtad, su capacidad para cuidar a quienes amaba y ese liderazgo natural que lo acompañaba. Cuando se proponía algo, lo cumplía. Vivía intensamente, a su manera y bajo sus propias normas. Le gustaban las cosas buenas y disfrutaba a lo grande , como pedir su tarta de queso preferida allá donde fuera.

 

Guardo muchos recuerdos, pero uno de los más hermosos es la fiesta de cumpleaños que preparó para mí, la fiesta que él decía que yo merecía. Recuerdo sus abrazos y su voz diciéndome: “Mami, te lo mereces todo. Siempre consigues todo. Estoy muy orgulloso de ti. Eres la mejor, madrecita linda”. En sus ojos podía reconocer el orgullo y el amor que sentía por mí.

 

Sus últimas palabras fueron: “Te amo, madre”. Hoy soy yo quien se las devuelve cada día: te amo, hijo, hasta la eternidad y hasta que volvamos a encontrarnos.

 

Quiero que Camilo sea recordado como el gran soñador que fue; como un hombre que vivió la vida a tope, con sus propias reglas, que cuidó profundamente a los suyos y que dejó su luz en cada persona que tuvo la fortuna de conocerlo.

 

Aunque ya no pueda verlo como antes, sigo sintiendo su apoyo y su presencia. Continúa siendo mi impulso para levantarme, avanzar y cumplir mis sueños. Por eso esta obra ocupa el pasillo principal de mi casa: porque Camilo es mi ángel, y cada vez que paso frente a ella puedo mirarlo, reconocer su luz y recordarle que sigue siendo mi motor.

 

Te amo, hijito mío. Hasta la eternidad.

Recibir esta obra fue profundamente emocionante. Ver a mi hijo con sus grandes alas y descubrir que, al llegar la noche, su imagen se ilumina me hizo sentir que continúa acompañándome. La coloqué en el pasillo principal de mi casa para poder verlo, reconocerlo y sentir su presencia cada vez que paso. Para mí no es simplemente un cuadro: es mi ángel, su luz y el reflejo de un amor que no terminó con su partida. Camilo fue mi motor desde que nació y, aun después de su muerte, sigue siéndolo. Esta obra me recuerda que, incluso en mis noches más oscuras, su luz continúa guiando mi camino. Mi ángel me acompaña cada día .

Paola Correa Mamá de Camilo

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